Surrealismo

Temía, pero no sabía a qué.
Lo sabía porque todo era oscuro, como nuestras mentes en desesperación, no podía ver más allá de ella.
Pero avanzaba, sin saber a dónde.
Los llantos sonaban como guitarra encantada, nadie escuchaba.
Los gritos como mar al atardecer celeste.
Y así caminaba, buscando a los míos, en la oscuridad helada.
Cuando los encontraba, desaparecían como agua entre más agua.
Cuando por fin los veía, tenían sus ojos de piedra.
La mirada como acantilado.
El cuerpo como clavo oxidado.
Y en un sinfín de vueltas, solo sentía miedo,
Miedo a que todo se derrita como aquellos relojes.
Miedo a que la Tierra escupa todo lo que alguna vez tiramos, pero hacía arriba.
Burbujas de basura.
Miedo a que todo termine como cuando cerramos nuestros ojos vacíos para siempre.
Sin eufemismos.
Antes o después.

                                    BASAN JUAN PABLO 6°B

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